Marta Goikoetxea – Personas

La vida nómada de Lahsen

Personas Marruecos

Un día cualquiera Amelia estaba dándonos una lección sobre historia de la humanidad (sí, un día cualquiera, lo sé…). Nos contaba que, en un principio, los hombres eran nómadas, que jamás permanecían en un mismo lugar por mucho tiempo. Viajaban de aquí “pallá”, en busca de cobijo y alimento. Cuando la comida escaseaba, simplemente se movían a otro lugar.

Amelia era mi “profe de sociales” y yo tenía 14 años. Debió de ser una de las primeras implantadoras de mi gusto por la historia. Su forma de trasladarme a otros lugares y épocas me hacía imaginar y soñar.

En todas sus clases yo le escuchaba con toda mi atención y le miraba con los ojos como platos. Me parecía increíble una vida tan diferente, sobre todo cuando la imaginaba en territorios tan inhóspitos como el desierto del Sahara, lugar por el que inevitablemente todos sentíamos una curiosidad más grande que Falete.

Los bereberes

En este viaje a Marruecos hemos conocido a unos cuantos bereberes habitantes de esas tierras, que posiblemente sean las personas más generosas y simpáticas del mundo. Los bereberes son personas que pertenecen a una serie de etnias del norte de África (Argelia, Marruecos, Túnez, Libia, Malí, Níger, Mauritania y Egipto), y que antes llegaban incluso a las Islas Canarias. Son más de 25 millones repartidas por todos esos territorios y hablan su propio idioma, el bereber o tamazight.

Personas Marruecos

Camino de cabras

En nuestro camino desde Marrakech al desierto del Sahara (Merzouga) paramos a pedir indicaciones sobre cómo llegar a Aït Benhaddou, pueblo bereber en el que pasamos una noche. Estabábamos entrando a un camino de cabras que creíamos era el que debíamos tomar pero que ninguna pinta tenía de ser el único modo. Nos atendió Lahsen, un hombre que estaba sentado viendo la vida pasar al borde del camino. No sólo nos dio las indicaciones para llegar, sino que nos pidió que por favor le lleváramos al pueblo de Aït Benhaddou, lugar en el que vivía. Por supuesto le dijimos que sí y montó al coche con nosotros.

Nos contó historias de su familia, de su vida de nómada cuando era pequeño, de cómo viajaban de un sitio a otro e instalaban las jaimas en las que vivían, y de cómo, tras por fin asentarse en la población a la que nos dirigíamos, tenían que recorrer 8 kilómetros cada día para conseguir agua hasta hace tan sólo 4 años.

Tras dejarle en la puerta de su casa, nos invitó, como muestra de agradecimiento, a un delicioso té a la menta. Hicimos la visita al pueblo, quedamos maravillados con sus Kasbahs y a la vuelta aceptamos con gusto su invitación.

Vivía en una casa muy humilde: no tenía cama y el suelo estaba repleto de alfombras, lugar en el que (entendemos) dormía.

Por supuesto no tenía cocina tampoco, por lo que nos preparó el té con un discreto hornillo de gas.

Nos regaló un mapa de Marruecos y nos explicó al detalle qué zonas debíamos visitar, qué partes del desierto eran más recomendables, etc.

Estuvimos dos horas allí embobados con sus historias (todo en perfecto castellano), y disfrutando de cada minuto de su conversación.

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Atardecer en Aït Benhaddou

Una persona maravillosa como muchos otros bereberes que nos hemos cruzado en nuestro camino, y con los que inevitablemente socializamos, charlamos, tomamos el té y reímos. Son gente amable y que, aunque tengan poco, lo dan todo.

Hoy Lahsen tiene una agencia junto a algunos de sus hermanos (son 11) que principalmente organiza excursiones por el desierto.

Ha cambiado el pastoreo y la transhumancia por los paseos con turistas pero como bien nos dice con una sonrisa, el siempre será bereber.

2017-07-17T09:14:39+00:00
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