Miryam Tejada – Personas

Ahora que soy bienvenida en Islandia

Personas Islandia

Que un día te despiertes y te sorprenda la prensa con un titular tan llamativo como:

“Islandia deroga la ley que permitía matar vascos”

Tiene su miga. Empiezas por apartar las galletas de tu vista, beber el zumo de golpe e indignarte. Lo último, concretamente, le sucede a quién es vasca, vasca, vasca.

¡Esto no lo sabía yo! Si tenemos un idioma parecido, nadie nos entiende. Y las raíces vikingas ahí están. Estos islandeseses se hicieron los majos en la Eurocopa de Francia, pero se las traen 😉

Obviamente, la noticia tiene su explicación y yo he viajado hasta Islandia para descubrirla y enterrar el hacha de guerra, no vaya a ser que aún quede resentimiento.

Vascos VS islandeses ¿Amor odio?

Todo comenzó por culpa de los vascos, sus dotes marineras les permitían ser los mejores cazadores de ballenas, y este pequeño matiz en una época de hambruna islandesa no gustaba. Además, los vascos aprovechaban el animal a escala industrial. Extendían, en el Atlántico Norte, sus propias factorías para fundir grasa y obtener aceite. Eran la envídia de todo marinero, ya que cada tonel de aceite de ballena lo vendían en Europa por unos cinco mil euros actuales. En cada temporada, se calcula, que podían transportar unos mil o dos mil toneles, así que haz cuentas.

Por el contrario los islandeses, que apenas sabían nadar (a ver quién es la valiente que nada en esas aguas congeladas), tan sólo aprovechaban las ballenas que encallaban en la costa, las remataban y se las comían. Ellos eran conscientes de sus limitaciones –se supone-, pues la expresión islandesa para desear buena suerte lo deja entrever. La palabra hvelreki incluye el sustantivo ballena y el verbo varar que quiere decir buena suerte que una ballena quede varada en la costa.

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Sólfar, ‘El Viajero del Sol’

Sabían de sus limitaciones, pero no eran tontos. Tener a los vascos contentos les aseguraba una calidad de vida mejor, ya que éstos pagaban tasas por el derecho a cazar ballenas en sus aguas, por estar en tierra firme para descuartizarlas y por fundir su grasa. Además, los vascos e islandeses se compraban y vendían mercancías. Tal era el colegueo que mantenían que incluso improvisaron un nuevo idioma, el vasco-islandés. Un dialecto que incluye términos euskaldunes, islandeses, ingleses y franceses. Lo que me faltaba, ya bastante tengo con el esperanto como para sumar otro al currículum 😉

El color rosa se tiñó de negro 

Las relaciones de amor y armonía se truncaron en 1615 cuando la hambruna apareció en escena. Islandia, el país más pobre de Europa en aquellos tiempos, llevaba varios inviernos pasando penurias. Por ese motivo, el rey danés Cristián IV dictaminó que los islandeses tenían pleno derecho a atacar a los vascos, abordar sus barcos y, sí fuese necesario, matarlos. Es bastante heavy, pero así lo decidieron. Y es que como dice el refrán: “cuando el hambre aprieta, la vergüenza afloja”.

Ajenos a este nuevo derecho, los vascos continuaron frecuentando las costas islandesas. En ese año, llegaron tres galeones guipuzcoanos y se instalaron en un fiordo del oeste de Islandia. Desde entonces, el ambiente se vió enrarecido y los enfados, por ambas partes, fueron constantes.

El detonante sucedió la noche que los vascos celebraban el cierre de la campaña y el regreso a San Sebastián. Una tormenta de tres pares de narices hizo que los barcos se fueran a pique y con ellos su captura. 83 hombres alcanzaron tierra sin nada y con seis meses de invierno por delante. ¿Qué hicieron? Reclamar a los campesinos lo que, ellos consideraban que, era suyo. El capitán donostiarra Martín de Villafranca le pedió al sacerdote Jón Grímsson unas deudas de unos islandeses que semanas antes no importaban. El sacerdote no cedió, así que Villafranca y sus hombres le asustaron muy cruelmente.

El sacerdote se chivó a la población islandesa y mediante un juicio decidieron permitir matar a los vascos. Aprobada la ley, una tropa de campesinos islandeses sorprendieron y mataron a los 32 marineros del capitán Villafranca. Además, se entretuvieron con los cadáveres mutilándolos, decapitándolos, etc, etc. Todo muy macabro y desagradable.

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Después de la tormenta llega la calma

Borrón y cuenta nueva 

En resumidas cuentas, y bajo mi punto de vista, no hay buenos ni malos en esta historia que se ha visto desempolvada. Fue un hecho aislado lo que sucedió y por unas condiciones adversas. Hay manifiestos que declaran que la relación entre los balleneros vascos y el pueblo islandés duró cerca de 100 años, y fue más fructífera y enriquecedora de lo que se cree.

2017-07-17T09:14:37+00:00
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