Pau G. Solbes – Experiencias

Sobrevolando la ciudad infinita en helicóptero

Experiencias Japón

Colección de miradores de vértigo en Tokio

Las cifras de Tokio son apabullantes. Si sumas toda la gente que vive en la capital de Japón y en su área metropolitana el resultado es similar al del conjunto de los habitantes de España. Tamaña superpoblación en un espacio tan reducido ha obligado desde hace décadas a construir en vertical, conformando un paisaje urbano que se asemeja al del Blade Runner de Ridley Scott o al de un súper hormiguero donde todo funciona a la perfección.

Caminando por la superficie no puedes evitar que la mirada se centre en lo que hay arriba. La arquitectura es soberbia, pero el motivo principal de esta persuasión es que existen centenares de estímulos en forma de carteles y neones que tratan de captar tu atención allá donde estés. En occidente estamos acostumbrados a que los locales comerciales estén en las plantas bajas, pero en Tokio eso no es posible. Probablemente encuentres los mejores restaurantes, tiendas u hoteles en los pisos más elevados.

Familiarizados desde niños con las alturas, a los tokiotas les apasiona ver el mundo desde arriba. La colección de miradores de vértigo con los que cuenta la ciudad es realmente asombrosa. La torre de Tokio (muy similar a la Torre Eiffel pero pintada de color rojo), la sede del Gobierno Metropolitano diseñada por el genial Kenzo Tange, el Tokyo City View en la torre Mori de Roppongi (probablemente mi observatorio favorito), el Edificio de la Fuji TV en Odaiba o la reciente Tokyo Skytree a 350 metros del suelo, regalan a sus visitantes unas vistas realmente de escándalo.

Sin embargo, para mi cuarta visita a la ciudad quería un más difícil todavía. Superar la locura de la Tokyo Skytree era realmente complicado, así que hice como los grandes trapecistas tras el redoble de tambores y decidí saltar sin red al vacío. A por todas.

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Entrada al helicóptero

El siguiente paso tenía que ser un vuelo en helicóptero sobre aquellos rascacielos interminables para tener una perspectiva todavía más privilegiada.

Sobrevolar Tokio en helicóptero no es una experiencia tan popular como en Nueva York o Ciudad del Cabo y me resultó bastante difícil conseguirlo por mi cuenta. Tuve que recurrir a la agencia española afincada en Tokio, Yoitabi Travel, que son verdaderos especialistas en el país del sol naciente para reservar esta actividad (permiten el pago con la Tarjeta Gold American Express).

Ver el atardecer en Tokio desde un helicóptero

El punto de encuentro para iniciar esta locura se haya en el exterior de la parada de tren de Maihama en Chiba, la misma que utilizan miles de turistas al año para acceder al Tokyo Disney Resort. Como si tratara de la calabaza convertida en carruaje de La Cenicienta, un transfer me recogió en la puerta de la estación y me acercó hasta el aeródromo que hay situado a pocos kilómetros.

Nada más llegar y haciendo honor a la celebérrima hospitalidad japonesa me ofrecieron asiento y una bebida para que me sintiera como en casa. En ese momento es inevitable observar las espectaculares fotografías de Tokio o el monte Fuji que hay colgadas en las paredes. Cosquilleo en la boca del estómago y una mezcla de nerviosismo y emoción que es la que me sigue impulsando a vivir nuevas experiencias siempre que viajo.

De repente dicen tu nombre y te conducen a una salita donde te dan las instrucciones que debes seguir a rajatabla. Los japoneses son un pueblo extremadamente acogedor, pero con las normas de seguridad y la puntualidad son inflexibles. El reloj marcaba las 17:13 y el vuelo partía un par de minutos después. “Abróchense los cinturones que despegamos”.

La elección de la hora del vuelo no había sido baladí. El atardecer en Tokio estaba previsto a las 17:30 horas y quería ver como se escondía el sol en el horizonte mientras los neones van despertando la cara nocturna de la ciudad. Empezaba la denominada hora azul.

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Helicóptero despegando

El ruido era ensordecedor y el aparato impulsado por las potentes aspas no era tan estable como un aeroplano, sin embargo, no pude despegar la cara de la ventanilla ni un solo segundo. Los 15 siguientes minutos fueron una sucesión de onomatopeyas, una tras otra hasta que me quité más de 30 años de encima. Cuatro viajes a Tokio te dan una cierta habilidad para reconocer la fisonomía de una ciudad, pero no me esperaba una visión tan fascinante y sobrecogedora. Las pulsaciones a mil por hora, justo al ritmo del motor del autogiro.

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Sobrevolando Tokio

El aparato empieza su recorrido sobrevolando los reinos de fantasía de Disney y el futurista barrio de Odaiba con su inconfundible Rainbow Bridge. La característica noria que hay en sus faldas se encendió en ese instante sólo para mí. Luego vino un juego de adivinanzas. Los jardines imperiales, el enorme bosque del Meiji Jingu, la rojiblanca Torre de Tokio y la Tokio Skytree que se elevaba como Barad-dûr sin saurón mirando al horizonte. En ese punto el helicóptero era como un mosquito que rodea una atalaya pero que se siente protagonista e invencible.

Aquel cuarto de hora pasó como un auténtico suspiro, pero me regaló una de las mejores experiencias que he vivido en la capital de Japón. Lo más apasionante es comprobar con tus propios ojos que Tokio es una ciudad infinita, interminable aunque la mires desde un privilegiado balcón con aspas. Agobiante, deslumbrante, embriagadora, seductora, irresistible, contradictoria, pero siempre sorprendente. Una locura adictiva que espero repetir cuanto antes.

2017-07-17T09:14:42+00:00
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