Regina Fernández – Hotel y Transporte

Una noche en el mítico tren Flecha Roja

Hotel y Transporte Rusia

A priori, pasar una noche en un tren nunca fue la mejor opción para reponer fuerzas ante la ajetreada jornada de un viajero. Pero quizás cambies de idea en el momento que oigas hablar del Flecha Roja.El Fecha Roja no es un tren al uso, de hecho más que un medio de transporte es una auténtica reliquia. Fue inaugurado en el año 1931 por Stalin y, todas las noches, los 365 días del año, parten dos Flecha Roja, uno desde la estación de Moscú y otro desde la estación de San Petersburgo, para comunicar las dos ciudades más importantes de Rusia. Ambos a las 23.55 horas. Puntuales, y con sentidos opuestos hacen un trayecto que dura aproximadamente ocho horas.

Y ahora te estarás preguntando: ¿Por qué razón prefieres pasar ocho horas metido en un tren para viajar de Moscú a San Petersburgo, o viceversa, si tienes cientos de conexiones de avión o incluso trenes más rápidos?

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Mítico Tren Flecha Roja

La respuesta es muy fácil: una noche en este tren pasará a la historia por ser una de tus mejores noches en Rusia. O, al menos, así lo fue para nosotros.
Antiguamente, solo la clase más selecta de Rusia podía permitirse viajar en ese tren. Menos mal que ahora los precios del billete no son tan caros. Por poco más de 100 euros por persona tienes un camarote de lujo como el nuestro. También los hay por 75 euros, incluso por menos si escoges una cabina para cuatro personas. Como ves, cualquier viajero que visite Rusia puede permitírselo.

El tren es especial. Su decoración, de un rojo desbordante, es única. Fíjate si es singular que es el único tren del mundo que una vez que llega a su destino se le recibe con una marcha triunfal rusa. Hasta las parejas de recién casados deciden pasar su primera noche de luna de miel a bordo del Flecha Roja.

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Interior del tren Flecha Roja

Sobre las 23,30 comienza nuestra aventura. El tren llega, con un rojo pasión hipnotizante, al andén de la estación de San Petersburgo. El revisor, que por cierto no hablaba ni una sola palabra en inglés, nos lleva amablemente las maletas hasta nuestra cabina. Hoy vamos a viajar como si fuésemos los hijos de un zar.

Entrando por el pasillo se puede sentir las hechuras de un tren que lleva en activo más de ochenta años. Al llegar a nuestra cabina comprobamos que realmente es tan bonita como nos imaginábamos. A la derecha tenemos un sofá que posteriormente se convertirá en cama. A la izquierda, otro asiento perfecto para hablar uno enfrente del otro durante el romántico trayecto. En el centro, una mesa con un mantel cuidado al más mínimo detalle y con el grabado de las siglas del tren a juego con las cortinas. No puede faltar un baño privado con ducha dentro del coche-cama. Nunca imaginé un alojamiento tan glamuroso en un tren. Vamos a pasar una noche de cine.

También te proporcionan zapatillas, albornoz, neceser, el periódico del día, ¡hasta wifi gratis! Como ves, lo de ser hijos de zares iba en serio.

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Noche en el tren Flecha Roja

Son las 23.55 en punto. Ahora sí que comienza a encarrilarse nuestra noche. Después de haber hecho las tropecientas fotos de rigor (el sitio no es para menos), las tripas empiezan a sonar un poco.

En la mesa nos esperan unas frutas, unos croissants, una tableta de chocolate, y unas botellas de agua. A esa hora de la noche todo entra a las mil maravillas. Si que nos cuidan bien en este tren.

Las horas de pateo durante el día pesan y ya va siendo hora de entrar en el sobre. El sofá de la derecha se convierte en una súper cama. Podríamos haber dormido los dos en una, pero decidimos bajar también la cama de la parte superior.

No hay nada mejor que viajar y quedarse dormido mientras sientes el traqueteo del tren de fondo. ¿Tú eres de esas personas a las que les relaja el tren? A mí me encanta. Yo soy de las que se despierta con el silbido de alguien a un kilómetro, pero el tren me relajó tanto que dormí como un lirón.

El tiempo en este tren pasa volando sin darte cuenta. Pasadas las siete de la mañana, y con la legaña en el ojo, el revisor llama a nuestra puerta. Dice alguna palabra en ruso a pesar de que sabe que no le entendemos, pero no pasa nada. Intuimos que nos trae el desayuno. Un desayuno que sabe a despedida.

A las 08.00 estamos entrando ya en la estación de Moscú. El viaje nos ha resultado más breve de lo que imaginábamos. Sin duda, pasar una noche en un hotel-tren de lujo es una experiencia única. Nunca se me han pasado tan rápido ocho horas en un medio de transporte. Si viajas a Moscú y a San Petersburgo, yo no me lo perdería.

2017-07-17T09:14:39+00:00
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