Sabela Montero – Personas

Las miradas de Omán

Personas Omán

Era el primer día de mi viaje a Omán y, después de visitar las zonas más destacadas de Mascate, me acerqué a la playa a respirar el aire fresco del mar. Allí se encontraban familias omaníes haciendo lo mismo a lo que yo había ido. Todos me recibieron con una sonrisa acompañada de un leve gesto de la cabeza. Incluso se preocupaban que no me cayese por la zona resbaladiza de las rocas con advertencias y siguiéndome con la mirada.

De regreso al hotel decidí pasar por un centro comercial que me quedase de paso para comprar una tarjeta de teléfono. Fue elegido al azar, porque había muchos en esta ciudad. Y son esas pequeñas decisiones que, sin querer, te llevan a conocer gente maravillosa…

Personas Omán

Nizar, el ángel que me ayudó en todo el viaje

Y de pronto, tengo un ángel

Me fui directa a la primera tienda que encontré y, de nuevo el azar, me asignó a Nazir, un joven omaní vestido con el traje formal de túnica blanca (dishdasha) y un gorro (kuma) y aspecto muy serio. Mientras esperábamos a que se hiciesen todas las gestiones le pregunté si le podía hacer algunas preguntas. Muy formal y con media sonrisa en la boca, mirándome a los ojos intensamente, me dijo que sí, por supuesto. Le empecé a preguntar por las diferencias entre los dos “gorros” que usan, y me contó que unos son para actividades formales (musar) y el otro para el día a día, que era el que él llevaba. También me atreví a preguntarle si tenían que ir siempre con algo en la cabeza… y me empezó a hablar de las opciones personales de cada uno y que es algo de libre elección. Y seguí con mi peculiar interrogatorio durante media hora, que fue lo que tardé en tener mi tarjeta SIM activa!

Me despedí dándole las gracias por su ayuda y, sobre todo, por su paciencia. Continué con mis compras y cual fue mi sorpresa cuando recibí un mensaje de él diciéndome que me dejaba su número por si necesitaba algo en mi viaje por Omán. Imaginad la cara de sorpresa!

Pero no acaba aquí la historia, no. Como es habitual en mí, voy dejando mis cosas por cualquier sitio que paso y, esta vez, no podía ser de otra manera. Ya en el hotel, me envía otro mensaje donde me dice que me había dejado mi DNI en el centro comercial… pero que ya me lo acercaba a donde yo estuviese. Por supuesto que le dije que no, que me dijese donde estaba e iba yo. Insistió. Una hora más tarde me avisa que está en la entrada del hotel.

Tortillas panameñas en el desayuno

Miradas intensas y amables

Ese muchacho formal y serio con vestimenta tradicional se había transformado en un chico con gorra y coleta, pantalones pirata y camiseta que conducía un deportivo descapotable. Durante unos segundos no supe que decir. Bajó del coche, me entregó el carné con gesto ceremonioso y se dio media vuelta para subirse a su coche. En tono jocoso le pregunté si era el mismo Nizar del centro comercial, se echó a reír y se marchó dejándome algo consternada pero con la sonrisa en la boca. Y yo que había descartado invitarle a una caña por miedo a parecer irrespetuosa, y una hora más tarde, cuando le doy las gracias por mensaje, me dice que estaba con unos amigos tomándose una gran jarra de cerveza!

Desde entonces, cada día recibí mensajes preguntándome si todo había ido bien y si necesitaba algo. Todo en tono muy formal, tanto que hasta se me hacía raro usar ese tono con alguien tan joven. Tenía un ángel cuidándome e intentando ayudarme en cada momento!

Los días fueron pasando y en cada uno de ellos pude ir descubriendo poco a poco el carácter hospitalario omaní. Y en todas esas personas puede apreciar la intensidad de sus miradas. Miradas de curiosidad e interés, intensas y amables.

Experiencia Couchsurfing

El conocer la realidad local es imprescindible para mi cuando viajo, sobre todo, fuera de Europa y la mejor manera es a través de su gente. Es por ello que quise quedarme en casa de alguna familia omaní un par de días y pedí un anfitrión en la plataforma de Couchsurfing. Y otra vez el azar me llevó a conocer a otro chico increíble, de mirada alegre llamado Abdulah.

De entrada me dejó su apartamento para mi sola y me organizó los siguientes días. Como no podía estar todo el tiempo conmigo, me presentó a Mubarak, un hombre atento y encantador que se ofreció a llevarme a conocer la ciudad.

Y así pasamos el primer día, visitando diferentes sitios de la ciudad de Sur. Para cenar quedamos con un viajero australiano que había conocido el tercer día de mi viaje por unos caminos fuera de ruta. Pero antes de ir a cenar tuvimos una gran sorpresa…

Le había comentado a Abdulah que me resultaba difícil hablar con mujeres omanís, que pocas estaban en la calle y que no había tenido ocasión de conocer a ninguna. Su respuesta fue que conocería a las mujeres de su familia. Pero lo que no me esperaba es que fuese de una forma tan especial.

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Familia paseando en Falaj Daris

Hacía pocos días que su hermana había dado a luz y con tal motivo se encontraba instalada en casa de sus padres, como manda la tradición. Cuando fuimos hasta allí nos atendió la madre en un gran salón lleno de dulces acompañados de café y té. Y tocó el momento de conocer a su hermana y su pequeño. Allí estaba ella en una gran habitación rodeada de más de diez mujeres, con más dulces y regalitos. Todas ellas estuvieron muy curiosas conmigo, divertidas y amables. Incluso bromeé con su hermana preguntándole si era así todos los días durante cuarenta días y me dijo con sonrisa cómplice que sí, que a veces era agotador.

Al salir nos obsequiaron con un perfume, pero lo que realmente fue un regalo fue esa experiencia. El verme en aquella casa compartiendo un momento tan importante en la vida de esa mujer, arropada y cuidada por su familia y amigas, compartiendo conmigo sus dulces y tradiciones, fue algo que me resultó excepcional. Momentos inolvidables.

Dos días estuvieron Abdulah y Mubarak compartiendo las horas conmigo. Respondiendo a mis incómodas preguntas sobre las costumbres islámicas con respecto a las mujeres e invitándome a cenar y llevándome a un montón de sitios, incluido un paseo en barca. Días maravillosos con personas maravillosas.

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Abdullah, mi couchsurfer en Sur

Reencuentro con Nizar y despedida de Omán

Pero faltaba el momento de reencontrarme con Nazir, el chico que había conocido en Muscat y con el que había quedado para pasar mi último día en Omán. No dejó de sorprenderme con tanta amabilidad y hospitalidad. Me acompañó a todos los sitios que quería visitar y por si no era suficiente el haber compartido su día libre con una desconocida llevándola y trayéndola a su antojo… me regaló varias cajitas con sándalo, mirra, incienso,… y hasta un precioso vestido omaní. Seguimos en contacto y me prometió que en pocos meses visitaría España.

Después de estas experiencias y otras que me salto porque sino escribiría un libro, es evidente que me enamoré del carácter omaní. De unas personas dispuestas a ayudar y que tienden la mano sin dudar. Para los que las diferencias de religión y cultura no son una barrera sino más bien algo que les despierta interés.

No podemos olvidar que en Omán se practica una rama del islam peculiar, el llamado ibadismo, que se basa en la neutralidad, tolerancia y diálogo ante cualquier conflicto. Curioso que el secretario del Gran Mufti de Omán declare que “nuestra máxima es vive y deja vivir”.

Y sí, así ha sido con todos las personas que me encontré en este viaje por Omán. Personas curiosas, de mirada intensa y seguros de si mismos. Personas cordiales, amables y hospitalarias dispuestas a ayudarme sin esperar nada a cambio y sin cuestionarse las diferencias entre nosotros.

2017-07-17T09:14:37+00:00
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